LITURGIA SANTUARIO DE SAN JUAN PABLO II

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Martes 24 de febrero de 2026 📝 “Cuando dejé de repetir… y empecé a decir Padre”

febrero 24

🎧 3 Pasos para Vivir el Evangelio Diario
📅 Martes 24 de febrero de 2026
📝 “Cuando dejé de repetir… y empecé a decir Padre”
📖 Evangelio: Mateo 6, 7-15
🕊️ Cuaresma


1) Introducción

Saludos, hermanos. Continuamos nuestro caminar, sean ustedes bienvenidos a 3 Pasos para Vivir el Evangelio Diario. Hoy, martes 24 de febrero, en este camino cuaresmal, el Evangelio nos regala una palabra sencilla… pero profundamente transformadora.

En el seminario se nos enseña algo muy claro: en los momentos difíciles, hay que orar más. Y es verdad. La oración es el sostén de nuestra vida espiritual. Más aún en mi camino, donde la vida interior ha sido siempre un pilar.

Y recuerdo que, cuando atravesaba momentos de crisis fuertes, incrementaba la oración.
Si rezaba la Liturgia de las Horas, añadía más oraciones.
Si rezaba un rosario, llegaba a rezar cinco… hasta diez en un día.
Buscando una respuesta.
Buscando que Dios hablara.
Buscando que algo cambiara.

Pero lo más doloroso —y lo que todos hemos vivido— es cuando uno ora, ora, ora… y Dios parece no responder.

Ahí es donde nace la crisis más fuerte.
Cuando incluso le dices a Dios:
“¿Por qué no me haces caso?
Si estoy contigo.
Si te he entregado mi vida.
Si te he consagrado todo.”

Y en una de esas crisis, me dispuse a rezar. Quise empezar como siempre… y lo primero que salió de mis labios fue: “Padre…”

Y ahí me detuve.

Solo esa palabra: Padre.

Y vino a mi memoria un recuerdo de infancia. Un día en que llegué llorando a casa. Mi papá era un hombre rígido, fuerte, exigente. No era precisamente el más expresivo. Pero ese día, al verme llorar, me llevó a su oficina, se sentó frente a mí y me dijo:
“¿Qué tienes?”

Era la primera vez que sentía que realmente me miraba.
Que realmente me escuchaba.
Vi su rostro. Sus ojos.
Y algo dentro de mí descansó.

Hablé como nunca.
Lloré como nunca.
Y al final, sin grandes discursos, me abrazó.

No resolvió el problema.
No dio explicaciones mágicas.
Pero estuvo ahí.

Y en la capilla, ese día, entendí algo que cambió mi manera de orar.

Dios no es un mecanismo que responde a la cantidad de rosarios.
No es un sistema que se activa cuando duplico el tiempo de oración.

Es Padre.

Suspendí todas las fórmulas ese día.
Y simplemente empecé a hablar.
A quejarme.
A llorar.
A decirle lo que me dolía.
A decirle que me sentía no escuchado.

Y como aquel recuerdo de mi infancia… no hubo una voz del cielo.
Pero hubo presencia.
Hubo abrazo interior.
Hubo descanso.

El Evangelio de hoy dice:
“No multipliquen palabras como los paganos… su Padre ya sabe lo que necesitan.”

No se trata de hablar más.
Se trata de saberse hijo.

Y desde ahí, escuchamos el Evangelio.


2) Lectura del Evangelio

Del santo Evangelio según san Mateo: 6, 7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar, serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes, pues, oren así:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.

Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.

Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.


🕊️ Introducción

Saludos, hermanos. Continuamos nuestro caminar, sean ustedes bienvenidos a 3 Pasos para Vivir el Evangelio Diario. Hoy, en este tiempo de Cuaresma, el Evangelio nos coloca frente a una pregunta muy sencilla, pero decisiva: ¿cómo estamos orando?

Es común que, cuando atravesamos momentos difíciles, aumentemos nuestras prácticas de oración. Rezamos más, repetimos más fórmulas, buscamos nuevas devociones. Y eso no es malo. La oración sostiene nuestra vida espiritual.

Sin embargo, también nos puede pasar que, aun rezando mucho, el corazón siga inquieto. Que multipliquemos palabras esperando una respuesta inmediata. Que sintamos que, mientras más insistimos, más silencio parece haber.

Y ahí es donde el Evangelio de hoy nos corrige con ternura:
“No multipliquen palabras… su Padre ya sabe lo que necesitan.”

Jesús no desprecia la oración; la purifica. Nos recuerda que no estamos hablando con un poder lejano al que hay que convencer, sino con un Padre que conoce el corazón antes de que pronunciemos una palabra.

La oración cristiana no se mide por cantidad, sino por confianza. No por insistencia nerviosa, sino por relación filial.

Y desde esa invitación a pasar de la repetición a la confianza, escuchamos el Evangelio de hoy.

4) Momento de Reflexión – Tres pasos

1️⃣ Orar como hijo

🪔 Referencia bíblica
Jesús nos enseña a decir “Padre nuestro”. No comienza con “Señor poderoso”, ni con “Dios lejano”. Comienza con una relación: Padre.

🔁 Aplicación
En muchas familias también pasa algo parecido. A veces convivimos bajo el mismo techo, pero no hablamos desde el corazón. Decimos frases correctas, cumplimos funciones, pero no nos mostramos vulnerables.

Orar como hijo es dejar de impresionar a Dios.
Es dejar de querer convencerlo.
Es atrevernos a decirle lo que realmente sentimos.

Y eso también transforma la vida familiar. Cuando un hijo puede hablar con confianza. Cuando un esposo puede decir que está cansado. Cuando una esposa puede expresar que está herida. Ahí empieza la sanación.

🌱 Imagina
Imagina a un adolescente que por primera vez se atreve a decirle a su mamá: “Estoy triste.” No necesita un sermón. Necesita presencia. Así también Dios nos escucha.

Pregúntate
Cuando oro, ¿hablo desde la confianza de un hijo… o desde el miedo de alguien que cree que debe convencer a Dios?


2️⃣ Soltar las fórmulas vacías

🪔 Referencia bíblica
“No multipliquen palabras.” Jesús no desprecia la oración repetida. Lo que denuncia es la repetición sin corazón.

🔁 Aplicación
También en la familia podemos caer en rutinas sin alma. Decimos “te quiero” por costumbre. Pedimos perdón sin profundidad. Escuchamos sin realmente prestar atención.

La fe no es cantidad de palabras.
Es verdad interior.

Rezar el Padre Nuestro no es cumplir un requisito. Es recordar quién soy delante de Dios.

🌱 Imagina
Imagina a un matrimonio que repite “todo está bien” durante años, hasta que un día uno de los dos se detiene y dice: “No está todo bien, pero quiero que lo arreglemos.” Esa verdad cambia todo.

Pregúntate
¿Mi oración es rutina… o encuentro verdadero?


3️⃣ Descansar en la presencia

🪔 Referencia bíblica
“Su Padre ya sabe lo que necesitan.” Antes de que hablemos, ya somos conocidos.

🔁 Aplicación
En casa muchas veces queremos soluciones inmediatas. Respuestas claras. Cambios rápidos.

Pero hay momentos donde lo único que sostiene es saber que no estamos solos.

A veces el hijo no necesita que le resuelvan el problema. Necesita que se sienten junto a él.
A veces el esposo no necesita consejos. Necesita comprensión.
A veces la esposa no necesita explicaciones. Necesita sentirse acompañada.

Así también con Dios.

🌱 Imagina
Imagina a un niño que se duerme tranquilo no porque el problema haya desaparecido, sino porque su padre está sentado a su lado. Esa paz no viene de la solución, sino de la presencia.

Pregúntate
¿Estoy buscando solo respuestas… o estoy aprendiendo a descansar en la presencia de Dios?


5) Conclusión

Hoy el Evangelio nos deja tres pasos claros:

1️⃣ Orar como hijo — porque antes que fuertes, somos amados.
2️⃣ Soltar las fórmulas vacías — porque Dios quiere verdad, no apariencia.
3️⃣ Descansar en la presencia — porque no siempre hay explicación, pero siempre hay abrazo.

A veces la oración no es insistir…
es quedarse.

No es repetir fórmulas…
es decir con verdad: Padre.

Y cuando uno descubre que delante de Dios no es perfecto, no es fuerte, no es impecable… sino simplemente hijo… el corazón por fin descansa.


🔔 Si este Evangelio tocó tu corazón, suscríbete a este podcast 3 Pasos para Vivir el Evangelio Diario y compártelo con alguien que hoy necesite recordar que Dios no es un mecanismo… es Padre.


6) Despedida Final

Que la escucha de la Palabra de Dios se convierta en una bendición para toda tu jornada. ¡Hasta la próxima!

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¿Qué es 3 Pasos para vivir el Evangelio Diario?

Es un espacio diseñado para acompañarte en el hermoso desafío de descubrir tu vida como un camino. Cada día nos encontramos ante la oportunidad de avanzar y este podcast busca ser una guía basada en la Palabra de Dios para dar tres pasos concretos hacia nuestra meta final: estar con Él.

Con reflexiones claras y accesibles exploramos juntos el Evangelio, desglosándolo en pasos prácticos que te ayuden a vivir más plenamente tu fe. Este esfuerzo no es solo un momento de escucha, sino una invitación a caminar juntos cada día al encuentro con Dios

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