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Domingo 22 de marzo de 2026 – Cuando no hay palabras
🎧 3 Pasos para Vivir el Evangelio Diario
📅 Domingo 22 de marzo de 2026
📝 Cuando no hay palabras
📖 Evangelio: Juan 11, 1-45
1) Introducción
Saludos, hermanos. Continuamos nuestro caminar en este tercer domingo de Cuaresma. Sean ustedes bienvenidos a 3 Pasos para Vivir el Evangelio Diario.
El Evangelio de este domingo tiene una de las frases más cortas de toda la Biblia… pero también una de las más profundas.
Cuando Jesús llega y ve el dolor de Marta y de María por la muerte de su hermano, el Evangelio dice simplemente:
“Jesús lloró.”
Es una escena que todos podemos entender.
La pérdida de un ser querido.
El dolor que llega sin avisar.
El momento en el que el corazón se rompe… y no hay palabras suficientes.
Porque hay situaciones en la vida en las que uno no sabe qué decir.
Cuando alguien pierde a un ser querido.
Cuando una familia atraviesa un momento difícil.
Cuando el sufrimiento aparece de manera inesperada.
En esos momentos, muchas veces lo más importante no es encontrar las palabras correctas.
Es simplemente estar.
Estar cerca.
Estar presente.
Estar acompañando.
Y eso es justamente lo que hace Jesús en el Evangelio de hoy.
Antes del milagro…
antes de cualquier explicación…
antes de cualquier palabra fuerte…
Jesús llora.
Llora con sus amigos.
Llora con quienes ama.
Y eso nos revela algo muy importante sobre Dios.
Dios no es un Dios frío.
Dios no es un Dios distante.
Dios no es un Dios que observa el dolor desde lejos.
Es un Dios que se acerca al sufrimiento humano.
Un Dios que comparte nuestras lágrimas.
Un Dios que no se queda al margen del dolor.
Y muchas veces, cuando el dolor aparece en nuestra vida, Dios no llega primero con respuestas.
Llega con su presencia.
Una presencia que abraza.
Una presencia que sostiene.
Una presencia que permanece.
Y después, cuando llega el momento… también pronuncia su palabra de vida.
Pero antes del milagro…
Dios siempre se acerca a nuestro dolor.
Desde ahí, escuchamos el Evangelio.
2) Lectura del Evangelio
Del santo Evangelio según san Juan: 11, 1-45
En aquel tiempo, se encontraba enfermo Lázaro, en Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que una vez ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano Lázaro. Por eso las dos hermanas le mandaron decir a Jesús: “Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo”.
Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba. Después dijo a sus discípulos: “Vayamos otra vez a Judea”. Los discípulos le dijeron: “Maestro, hace poco que los judíos querían apedrearte, ¿y tú vas a volver allá?”. Jesús les contestó: “¿Acaso no tiene doce horas el día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque le falta la luz”.
Dijo esto y luego añadió: “Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero yo voy ahora a despertarlo”. Entonces le dijeron sus discípulos: “Señor, si duerme, es que va a sanar”. Jesús hablaba de la muerte, pero ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo abiertamente: “Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, para que crean. Ahora, vamos allá”. Entonces Tomás, por sobrenombre el Gemelo, dijo a los demás discípulos: “Vayamos también nosotros, para morir con él”.
Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania quedaba cerca de Jerusalén, como a unos dos kilómetros y medio, y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de su hermano. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”.
Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?”. Ella le contestó: “Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.
Después de decir estas palabras, fue a buscar a su hermana María y le dijo en voz baja: “Ya vino el Maestro y te llama”. Al oír esto, María se levantó en el acto y salió hacia donde estaba Jesús, porque él no había llegado aún al pueblo, sino que estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María en la casa, consolándola, viendo que ella se levantaba y salía de prisa, pensaron que iba al sepulcro para llorar allí y la siguieron.
Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo, se echó a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Jesús, al verla llorar y al ver llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: “¿Dónde lo han puesto?”. Le contestaron: “Ven, Señor, y lo verás”. Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: “De veras ¡cuánto lo amaba!”. Algunos decían: “¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento, hacer que Lázaro no muriera?”.
Jesús, profundamente conmovido todavía, se detuvo ante el sepulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces dijo Jesús: “Quiten la losa”. Pero Marta, la hermana del que había muerto, le replicó: “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”. Le dijo Jesús: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”. Entonces quitaron la piedra.
Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Luego gritó con voz potente: “¡Lázaro, sal de allí!”. Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo, para que pueda andar”.
Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.
4) Momento de Reflexión – Tres pasos
1️⃣ Acompañar el dolor
🪔 Referencia bíblica
Cuando Jesús llega a Betania y ve llorar a Marta, a María y a todos los que estaban con ellas, el Evangelio dice algo muy fuerte:
Jesús lloró.
Antes del milagro, antes de cualquier palabra, Jesús se hace presente en el dolor de sus amigos.
🔁 Aplicación
Muchas veces, cuando alguien está sufriendo, sentimos la presión de tener que decir algo.
Queremos encontrar las palabras correctas.
Queremos explicar lo que pasó.
Queremos consolar rápidamente.
Pero el Evangelio nos enseña algo muy distinto.
A veces lo más importante no es hablar… sino acompañar.
Estar ahí.
Escuchar.
Compartir el silencio.
🌱 Imagina
Imagina a una persona que acaba de recibir una noticia muy dolorosa.
Alguien se sienta a su lado, no dice grandes discursos, simplemente permanece ahí.
Y ese silencio compartido se vuelve un consuelo profundo.
❓ Pregúntate
¿Cuando alguien sufre intento llenar el silencio con palabras… o sé aprender a acompañar con presencia?
2️⃣ Permitirnos sentir
🪔 Referencia bíblica
Jesús no reprime su emoción.
El Evangelio no dice que se mantuvo distante o frío.
Dice algo muy sencillo y muy humano: Jesús lloró.
🔁 Aplicación
A veces pensamos que la fe significa no sentir tristeza, no mostrar debilidad o no llorar.
Pero Jesús nos muestra algo distinto.
El dolor también forma parte de la vida humana.
Llorar no es falta de fe.
Sentir tristeza no es debilidad.
Lo importante es no vivir el dolor solos.
🌱 Imagina
Imagina a alguien que pierde a un ser querido y trata de mantenerse fuerte todo el tiempo.
Pero cuando finalmente permite que el dolor salga, su corazón comienza poco a poco a sanar.
❓ Pregúntate
¿Estoy tratando de esconder mi dolor… o estoy permitiendo que Dios entre también en mis lágrimas?
3️⃣ Confiar en la vida que Dios da
🪔 Referencia bíblica
Después de ese momento de llanto y de acompañamiento, Jesús pronuncia una palabra poderosa:
“Lázaro, sal fuera.”
Y la vida vuelve a surgir donde parecía que todo había terminado.
🔁 Aplicación
El Evangelio nos recuerda algo muy importante:
Dios no tiene la última palabra en el dolor… la tiene la vida.
A veces esa vida aparece de formas inesperadas.
En una esperanza que vuelve.
En una fuerza que no sabíamos que teníamos.
En una paz que empieza poco a poco a crecer.
🌱 Imagina
Imagina a alguien que atraviesa una pérdida muy grande y siente que todo se terminó.
Pero con el paso del tiempo descubre que Dios sigue abriendo caminos de vida.
❓ Pregúntate
¿Estoy quedándome solamente en el dolor… o estoy confiando en que Dios puede abrir caminos de vida incluso después de la tristeza?
5) Conclusión
Hoy el Señor nos deja tres pasos muy claros:
1️⃣ Acompañar el dolor. A veces la presencia vale más que muchas palabras.
2️⃣ Permitirnos sentir. Incluso Jesús lloró con quienes amaba.
3️⃣ Confiar en la vida que Dios da. Él siempre abre caminos más allá de la tristeza.
Antes del milagro…
Jesús lloró.
Y eso nos recuerda algo muy hermoso:
Dios no se queda lejos de nuestro dolor.
Dios se acerca…
y se sienta a llorar con nosotros.
🔔 Si este Evangelio tocó tu corazón, suscríbete a 3 Pasos para Vivir el Evangelio Diario y compártelo con alguien que necesite recordar que Dios siempre se acerca al dolor humano con amor y esperanza.
6) Despedida Final
Que la escucha de la Palabra de Dios se convierta en una bendición para toda tu jornada. ¡Hasta la próxima!
¿Qué es 3 Pasos para vivir el Evangelio Diario?
Es un espacio diseñado para acompañarte en el hermoso desafío de descubrir tu vida como un camino. Cada día nos encontramos ante la oportunidad de avanzar y este podcast busca ser una guía basada en la Palabra de Dios para dar tres pasos concretos hacia nuestra meta final: estar con Él.
Con reflexiones claras y accesibles exploramos juntos el Evangelio, desglosándolo en pasos prácticos que te ayuden a vivir más plenamente tu fe. Este esfuerzo no es solo un momento de escucha, sino una invitación a caminar juntos cada día al encuentro con Dios


